domingo, 18 de agosto de 2013

Querido diario:

Hace un mes que acabo de nacer, ¿qué cómo puedo escribir? Bueno es que yo no soy un pollo cualquiera. Soy un pollo azul, y esta es mi gran historia.
Empezaré por el principio. Cuando ya me salió suficiente pelo, unos humanos con los ojos achinados (mi gente los llaman chinos) me cogieron, junto a mis hermanos y otros pollos. Me metieron en una olla gigante que tenía un líquido azul dentro, otros los metieron en otras ollas que tenían distintos colores, como rosa, verde, naranja...
Cuando ya estuve dentro de esa olla, los chinos empezaron a remover y remover como si de un caldo se tratase. Estuve a punto de ahogarme, pero conseguí salir a flote, apretujado entre otros pollos. Me dí cuenta de que muchos no habían tenido la misma suerte que yo. Los contemplé, aterrorizado, como sus cuerpos inertes flotaban en el líquido azul.
Cuando nos sacaron, nos metieron en un colador gigante y nos dejaron a remojo. No sé decirte cuántas horas estuvimos ahí, lo único que sé es que misteriosamente me había vuelto azul y mis compañeros también.
Aparte de ser azul, yo era mucho más inteligente que los otros pollitos, mucho más de lo que tú crees, sino, ¿cómo estoy escribiendo esto y cómo me expreso tan bien?
Cuando nos sacaron del colador gigante, los humanos apartaron los pollitos que se habían ahogado de lo vivos, desgraciadamente solo sobrevivimos 30 pollitos azules de 150.

Bueno diario, tengo que dejar de escribir que mi madre me llama para comer, comeremos lo de siempre: arroz, trigo o incluso soja. Pero siempre tendré hambre, ¡mmm!


                                                                      Mi mamá:




Mi papá:



Yo:



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